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Cuando empecé a poner mi mirada «hacia adentro», enfocándome en conocer más de mi, determinar qué me gusta y lo que no; así como mis más profundos secretos, encontré que mi relación con la comida era un reflejo de mi falta de amor para conmigo ,y de fe para con la vida que me sostiene.

La ansiedad por algunos alimentos, no era más que mi desconexión tanto con ese ser Supremo , como con mi verdadera esencia.Quien vive confiado «a pesar»de que externamente mira adversidad, no recurre a la ansiedad por comer como medida de escape. Entendí que si la ansiedad estaba ganándome la batalla, yo debía rendirme a ella, a través del silencio y escuchar a mi alma .¿ Qué quieres decirme?¿Qué necesitas de mi? ¿Qué vacíos tienes ? ¿ Hay algo más que puedo hacer por ti? Responder a esas preguntas, debilitaba mi ansiedad y fortalecía mi esperanza.Esa esperanza de que la vida podía ser diferente. Recuerdo procurar espacios de silencio, de compañía únicamente conmigo misma y que al enfrentarme a la comida, le preguntaba ¿Representas alimento o escasez emocional? Las respuestas han sido sorprendentes, algunas confrontativas, pero al fin, sanadoras.

Quiero compartirte uno de los aprendizajes más maravillosos que he obtenido en éste caminar, y es el de poder identificar, si lo que yo tenía era HAMBRE EMOCIONAL O HAMBRE REAL( y aun sigo en este apasionante camino).

El hambre emocional APARECE DE REPENTE, es de súbita aparición, con una gran necesidad (usualmente acompañado de desesperación por satisfacer esa necesidad de manera urgente), mientras que el hambre real aparece poco apoco, avisando que la hora de la comida se aproxima.

En el hambre emocional, requerimos COMER EL ANTOJO EXACTO que pide el cuerpo. En ese momento el cuerpo no se encuentra alertando acerca de una necesidad fisiológica, sino que está gritando de alguna necesidad de endorfinas (usualmente solicitada a través de altos niveles de azúcar o de carbohidratos refinados), que nos hagan sentir «bien» por un momento. El Hambre real se sacia con cualquier alimento ( y tienes la oportunidad de elegir saciarlo con alimentos sanos).

El hambre emocional NO PUEDE ESPERAR, DEBE SACIARSE «AHORA». Éste entra con una desesperación por comida, que es casi imposible de controlar, ya que busca saciar esa «necesidad» lo más pronto posible, no permitiendo poder pensar en otra cosa más , que en ese majestuoso momento en que pudiese comer ( cualquier cosa , lo más fácil y accesible). Por el otro lado el hambre real aparece poco a poco, indicando esa necesidad real que se acerca, de brindarle alimento al cuerpo.No causa desesperación, tan sólo avisa.

En el hambre emocional, COMES AUNQUE YA ESTÉS SATISFECHO, mientras que en el hambre real dejas de comer cuando la necesidad fisiológica ha sido suplida.

Tengo una hija, y con sus 2 años y medio puedo ver que ella come porque realmente tiene hambre.La he visto dejar de lado el plato, (aunque contenga su comida favorita), cuando ya se siente satisfecha.. Esa habilidad, esa fortaleza ¿Será que de adultos la perdemos ? Yo diría que en nuestro estado de adultos no sabemos reconocer adecuadamente la emoción, escucharla, procesarla y liberarla fácilmente , como lo hace un niño.Es esa emoción bloqueada, la que no nos permite vivir en el presente, en total conexión con nuestro cuerpo físico, emocional y espiritual.Es el afán por entenderlo todo, por controlarlo todo, el causante de ese cortocircuito que impide la comunicación entre nosotros con nosotros mismos y también con el creador.

En el hambre emocional TE SIENTES CON INDIGESTIÓN Y/O CULPABLE DESPUÉS DE HABER COMIDO, mientras que en el hambre real te sientes bien, ligero, satisfecho, pero no lleno.